lunes, 10 de julio de 2006

Que va, que va, que va

Yo leo a Kierkegard.
A ver, que levanten la mano aquellos a los que esta muletilla conseguía partirles de la risa unos años ha. Efectivamente, Garcigómez, se trata de Faemino y Cansado, cuente usted con otro positivo.
Entrocaban con lo mejor que hemos sabido hacer siempre en España, el humor de lo absurdo. Ese reírnos sobre anécdotas que no tienen ni pies ni cabeza, ni falta que les hace, más bien al contrario, cuanto más caóticas, mejor. Las impagables actuaciones del fantástico Gila, donde nos recordaba que cuando él nació su madre no estaba en casa, me hacía intuir que detrás de aquellas absurdeces había un mundo que yo no entendía pero que era espectacular. Al crecer, me dí cuenta de que tampoco nadie más lo entendía, pero que ahí residía la fuerza de su gracia. Y es que había que tener una pasta especial para meter al pensador sueco en medio de un sketch, y además conseguir que al día siguiente se repitiera en no pocos puestos de trabajo. Cuanto echo de menos esas boberías, el pensar que si estabas poseído, lo mejor era llamar al exorcista de la Seguridad Social...Un cierto toque de humor excéntrico e irreverente.
Humor es el que hace falta para tragar, a toro pasado y en clave de comedia, lo que estoy leyendo en el curioso libro de Albert Sánchez Piñol titulado Payasos y Monstruos. Tenía ganas de hincarle el diente a este texto donde se refleja lo que fue el mandato de ciertos dictadores africanos (Idi Amín Dadá, Bokassa y demás engendros) Es francamente desolador ver como determinadas personas son capaces de manejar todo un país, con sus millones de habitantes, y someterlos por medio del terror. En La fiesta del chivo, Vargas Llosa ya narraba con una terrible crudeza lo que había sido la República Dominicana bajo la dominación del sátrapa dictador Trujillo. Recuerdo que cuando leí el libro, lo que más me sorprendió no eran los terribles crímenes ni la vileza con que se habían cometido, sino como todo un país había podido soportar tanta mediocridad, tanta arbitrariedad, tanta concentración de horrores en una sola persona y no levantarse contra ello. En el fondo, creo que late aquella máxima que leí no sé dónde: "todos somos culpables de todo". Asomarse al terror y el vértigo que somos como especie es desolador.
Creo que casi mejor me vuelvo al terreno de la ficción. O a leer a Kierkegard.

2 Comments:

Anonymous bufalino said...

Qué grandes Faemino y Cansado, los he visto varias veces en directo aquí en Madrid, en la Sala Galileo, donde suelen actuar una vez al mes... Como Desconvencida está de vacaciones (nos ha abandonado malamente, ¡la echo de menos!...), me he pasado por aquí. Me ha gustado mucho tu blog... Seguiré pasando.

11 julio, 2006 19:56  
Blogger El detective amaestrado said...

Gracias. Pasa, siéntete como en tu casa. ¿Quieres tomar algo?

11 julio, 2006 20:06  

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