lunes, 19 de junio de 2006

Cápsulas de felicidad

Tengo un cuaderno de tapas negras donde anoto impresiones, algunas mas concretas, otras mas abstractas. Repasándola en estos últimos días me dí cuenta de que el contenido mas repetido tenía que ver con la búsqueda constante de la felicidad. Asumiendo que la felicidad no es un estado permanente, es más, sí así lo fuera, seguramente dejaría de llamarse felicidad, al no tener con qué contrastarlo, creo que ando más a la búsqueda de esos momentos donde nos asalta de golpe, sin haber sido previamente citada. Como el navajero que te espera a la salida del cajero, en ocasiones me encuentro con perlas que contribuyen a modificar por completo mi estado de ánimo. No responden a un patrón, van desde lo mas nimio a lo más sofisticado, de lo mas irreal a lo más palpable.
Responden a este esquema momentos estelares, y, seguramente, ahora que los enumero, resultarán ridículos. Lo sé, pero son los míos. Entiendo perfectamente que un tipo se le salga el corazón de la caja torácica en una concentración de tunning automovilístico, pero debo reconocer que a mí esos encantos le seducen tanto como a un analfabeto un tratado de economía agraria de Turkemistán. No por ello me resulta censurable, al contrario. A mí no me interesa ni el tunning ni la economía.
A mí me pierde llevar un libro bajo el brazo y esperar a llegar a casa para empezar a devorarlo. Abrir mi buzón, el de casa, y ver que hay cartas manuscritas con mi nombre, aún en estos días tan cibernéticos. Escuchar una canción que hacía siglos que no oía y ver que sigue poniéndome la piel de gallina. Ver mi cuarto con tantos objetos que se han ido acumulando a lo largo de años, todos tan llenos de significados. Oír a mi hija contándome una historia, cuanto mas banal mas importante. El momento glorioso de aterrizar en el aeropuerto de destino al iniciar las vacaciones. El momento de aterrizar en casa después de finalizado el viaje. El olor de las estaciones de tren , sus sonidos, que en Canarias nos parecen menos familiares simplemente porque no hay tren. Descubrir el deseo en sus ojos. Dejar que las palabras nos sigan llevando a mundos por nosotros inventados. Encontrar oídos que sigan creyendo en esos mundos. Pensar en mandar naves a esos mundos para repoblarlos.
Tener ganas de contar, de hablar, de seguir levantando acta día a día del hecho de estar vivos. Ese es el milagro de la rutina. Todo lo demás, artilugios de escape, fuegos artificiales.

6 Comments:

Blogger *corazón colilla* said...

Punset dice en su libro algo así como que la felicidad se encuentra en el proceso de búsqueda. Vamos, que no es la meta, es el camino. Yo estoy de acuerdo.

Saludos*

20 junio, 2006 05:43  
Blogger Miranda said...

Pues señor detective, si usted me dice que le gusta lo que cuento y que le gusta mi blog, para mi es todo un honor visto lo que escribe y como lo escribe.
Esto de enumerar pequeñas felicidades me ha parecido sencillamente delicioso.
Veo que *corazón colilla* te ha firmado y esa es otra que escribe genial, asi que me veo rodeado de buenos escritores y yo me siento mas feliz que una perdiz.
Enncatada de que te pases mas a menudo por el blog, un placer.
Besos!

20 junio, 2006 06:07  
Anonymous flaneur said...

He visto que te encanta la poesía. Gracias por la recomendación de Javier Cánaves. A mí, de la poesía española actual me gusta mucho Ana Merino; me estoy leyendo ahora el último (acaba de salir en Visor).
PD: Nunca había caído en que en Canarias no tenéis tren. Es una gran ausencia, porque seguramente es el medio de transporte más poético y literario que existe. Los paisajes más bonitos los he visto desde el tren.

20 junio, 2006 07:16  
Anonymous flaneur said...

Por cierto, leyendo tus posts anteriores (que me han gustado muchísimo, da gusto leer lo que está bien escrito) he visto que conoces la librería Michelena. Me ha hecho gracia, porque es mi librería preferida. Todos los veranos (cuando voy a Galicia) me paso varias mañanas enteras allí. ¡He encontrado algunas joyas increíbles! En las demás librerías (salvo honrosas excepciones), todo son novedades, pero allí todavían quedan restos del naufragio (en la Feria del Libro Antiguo de Recoletos a veces también). Por cierto, qué blogs me recomiendarías de gente que escriba bien (si son chicas guapas mucho mejor).

20 junio, 2006 11:52  
Blogger El detective amaestrado said...

Gracias, Flaneur. Michelena es una maravilla. Yo también me pierdo entre sus estanterías todos los años. Es exactamente lo que uno espera de una librería, donde se hallan sorpresas increíbles. Zambúllete en los blogs, hay mucho donde elegir. No estoy muy puesto, realmente acabo de iniciarme. Y lo de chicas guapas, pues a mal consejero acudiste...Ahí mi impericia es alarmante. Solo leo palabras, no veo rostros.

20 junio, 2006 13:07  
Anonymous Valeria said...

Recibes cartas manuscritas? cartas que no son del banco, de hacienda, facturas... Eres un privilegiado!

Lo que nos proporciona ratitos de felicidad suelen ser las "cosas pequeñas".
Recuerda que los viajes comienzan mientras los proyectas y la vuelta a casa es un lujo siempre.

25 noviembre, 2006 20:31  

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