domingo, 11 de junio de 2006

Sobre la necesidad de lágrimas

Cuando recibí el mazazo, supe que iba a llorar hasta quedarme seco por dentro. Realmente nunca había sido un tipo excesivamente lacrimoso; más allá de algún desplante absurdo, y las típicas lágrimas vertidas en aeropuertos como tarjeta de embarque al despedir a aquella novia que tanto, tanto quisimos, no habían sido nunca demasiado necesarias, demasiado presentes. Todo cambió cuando tuve que enfrentarme a un diagnóstico terrible de alguien con quien había estado compartiendo vino, comida y trabajo, con quien había generado mucho, mucho afecto. Recuerdo aquel año como una contínua sangría de lágrimas, terribles, acosándome en cualquier lugar, al ir en el coche, al enfrentarme a situaciones completamente alejadas de aquel foco de dolor. Cuando todo concluyó de la peor manera posible, cesaron durante un tiempo. Creo que, con toda seguridad, acudieron a algún congreso a formarse y a fortalecerse. Descubrieron que era más eficaz no hacer acto de presencia con demasiada prodigalidad, era más rentable espaciar sus visitas y, así golpear con más fiereza, cuando el tipo cuya función era verterlas mas seguro se encontrase, mas convencido de que ya no volverían más.
Y así se dió el caso de ver, en la trasera de una antiquísima iglesia situada en el casco viejo de una ciudad del norte, como un hombre, vestido con traje, corbata y una bolsa llena de libros recién comprados, derramaba lágrimas sin poder detenerlas, sin querer detenerlas. Y como sintió que ese era el dolor mas terrible que jamás había sentido, no haber podido estar al lado de quienes hubieran compartido con él ese momento tan excesivo, tan al borde de si mismo. Y se sintió solo, pero eso ya no podía molestarle.

2 Comments:

Anonymous Mary Kate said...

Nunca pude frenar las lágrimas, soy llorona por naturaleza- que no llorica- .Nunca había podido frenarlas, digo, tal vez retenerlas ,un ratito, pero ése mirar borroso previo a que se te desdibuje el mundo, siempre me delataba. Pero acabé aprendiendo.Tuve que hacerlo.Durante un tiempo lloré en horario fijo, en el coche y casi siempre en lugares que me pillaran haciendo otra cosa...cómo guardar la compra en el maletero, en el parking de una gran superficie, en el cine viendo una película cuyo argumento justificara minimamente mi estado, sacando a pasear a mi perra ...que caminaba a mi lado mirando disimuladamente a diestra y siniestra ...cómo diciendo...disculpadla..es que ..no están siendo los mejores años de su vida...Bueno...desde hace bastante...ya vuelvo a llorar cómo en los viejos tiempos..

11 septiembre, 2006 08:45  
Blogger memento said...

Me he quedado literalmente planchado de la pena que me ha invadido al leer este post. Sé que no hay consuelo que valga en situaciones como esa, pero a veces llorar sienta pero que muy bien. Yo no lo puedo evitar, y eso que me considero una persona más bien reservada y a la que le cuesta expresar sus sentimientos, sobre todo en público. Un abrazo, detective.

07 octubre, 2006 15:19  

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